La primera JMJ del Papa latinoamericano

La JMJ de Río de Janeiro 2013 aporta algunas novedades. De hecho, después de veintiséis años, la JMJ vuelve a América Latina. En esta ocasión recordamos la Jornada Mundial de la Juventud de Buenos Aires en Argentina en 1987, la primera celebrada fuera de Roma. Precisamente entonces inició aquella peregrinación mundial de jóvenes cristianos siguiendo las huellas del Sucesor de Pedro, que aún sigue sorprendiendo  al mundo. ¡Cuánta alegría de la fe, qué entusiasmo misionero, cuánto amor por el Papa y la Iglesia! Al mirar la multitud de jóvenes reunidos en la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires en el año 1987, el beato Juan Pablo II dijo: «Quiero repetiros, una vez más – como os dije desde el primer día de mi pontificado – que “sois la esperanza del Papa”, “sois la esperanza de la Iglesia”».

La JMJ de Río presenta también otra importante novedad: ha sido preparada por Benedicto XVI y será presidida por el primer Papa latinoamericano: Francisco, que aceptó esta tarea sin vacilar. ¡Los caminos del Señor son verdaderamente inescrutables!

La JMJ de Río de Janeiro 2013, que tiene como tema: «¡Id y haced discípulos a todos los pueblos!» (cfr. Mt 28,19), se inscribe orgánicamente en el contexto del camino de la Iglesia que, en nuestros tiempos, se siente impulsada por el Espíritu Santo a renovar su dinamismo misionero. Se inscribe también en el contexto del camino de la Iglesia en América Latina que, gracias a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, en el mes de mayo de 2007, está viviendo un período de un fuerte despertar misionero al estar comprometida con la tarea de la “Misión continental”. A nivel de la Iglesia universal, la Jornada de Río tiene lugar en el Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI con el Motu Proprio Porta Fidei.

Aquí tenemos los amplios horizontes de la vida eclesial en los que se coloca la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro de 2013. Es un don particular que toda la Iglesia, pero sobre todo la Iglesia que vive en Brasil, tiene que acoger con alegría y gratitud, pero también con un fuerte sentido de responsabilidad, porque las expectativas ante este evento en todo el mundo son de verdad grandes.

La institución de la Jornada Mundial de la Juventud en la Iglesia ha sido indiscutiblemente una de las decisiones proféticas del beato Juan Pablo II. De este modo, él inició una aventura espiritual que ha implicado a millones de jóvenes de todos los continentes. La historia de estas citas de los jóvenes del mundo con el Sucesor de Pedro ya tiene más de 25 años. ¡Cuántos cambios han sucedido en la vida, qué importantes descubrimientos para la vida de los jóvenes! El descubrimiento de Cristo: Camino, Verdad y Vida; el descubrimiento de la Iglesia como madre y maestra y como “compañera de amigos”, que apoya en el camino de la existencia; el descubrimiento del Sucesor de Pedro como guía segura y amigo de quien fiarse. ¡Cuántas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada han madurado! Sin duda y gracias a las Jornadas Mundiales de la Juventud, la Iglesia ha reencontrado en el umbral del tercer milenio su rostro joven, el rostro del entusiasmo y de un valor renovado.

Hay una pregunta extendida que surge en cada edición de la JMJ: la pregunta sobre cuál es el “secreto” de este sorprendente fenómeno que ha revelado al mundo un rostro totalmente inesperado, no sólo de la Iglesia, sino de los mismos jóvenes de hoy. Las JMJ son un don que continúa suscitando asombro dentro de la Iglesia y fuera de ella, y que son la fotografía de una juventud muy diversa del cliché difundido por los medios de comunicación, de una juventud que tiene sed de los valores y está en búsqueda del sentido más profundo de la vida. Dejando atrás ideologías de diversos matices y de falsos maestros, que prometen la ilusión de una felicidad a bajo costo, estos jóvenes buscan una respuesta a las preguntas fundamentales sobre la vida, y la buscan en Cristo y en la Iglesia. En el curso de los últimos veinticinco años, las JMJ se han convertido en un importante instrumento de evangelización.

La JMJ de Río de Janeiro 2013 abre una nueva etapa de este fascinante itinerario de los jóvenes del mundo siguiendo las huellas del Sucesor de Pedro, a través de los continentes. El papa Francisco enseguida se ha manifestado como padre y amigo de los jóvenes. Ya en estos primeros meses de pontificado, ha mostrado un gran carisma de comunicarse con los jóvenes mediante un lenguaje sencillo y directo, capaz de llegar al corazón y de mover las conciencias. Baste recordar algunas de sus expresiones para captar la extraordinaria capacidad del papa Francisco de comunicarse y dialogar con los jóvenes, como también su valor de poner metas altas y exigentes. Estamos seguros que tanto la palabra como el testimonio personal de este Papa serán, durante la JMJ de Río, un mensaje fuerte que impulsará a los jóvenes a convertirse de verdad en discípulos y misioneros.

La estructura del programa de la Jornada de Río es igual a aquéllas de las ediciones precedentes. Pero sabemos que, al cambiar las condiciones culturales y las tradiciones religiosas de los países que acogen este importante evento, cambia también el clima general de la JMJ que, en la práctica, se convierte así en irrepetible y única. Estamos seguros de que los jóvenes brasileños, que serán los verdaderos protagonistas de este evento, sabrán transmitir a sus coetáneos, provenientes de todo el mundo, la belleza de sus ricas tradiciones religiosas y su fe. Sobre todo los jóvenes provenientes del mundo occidental, tan secularizado, necesitan un testimonio de una fe joven y llena de entusiasmo, tan típica de los países latinoamericanos.

Mensaje del Presidente


© Copyright 2011-2015  Consejo Pontificio para los Laicos | Mapa de la web | Links | Contactos