Los pobres en el corazón de la JMJ

JMJ day 4-593

“Bota fé” es una expresión característica utilizada habitualmente por los brasileños y que en estos días a menudo hemos escuchado de la boca del papa Francisco. Significa “ponle fe”, “añade fe”, que es un ingrediente necesario para el buen éxito de las cosas, especialmente de una vida feliz. Hoy ha sido precisamente el día de la fe, aquí en Río de Janeiro, y esto ha sido el hilo conductor de las catequesis, que los jóvenes han vivido con sus obispos en los diversos lugares de la ciudad, y también de las intervenciones del Santo Padre.

En una jornada todavía lluviosa, de modo que se ha decidido que todos los eventos de la JMJ tengan lugar en Copacabana, puesto que el terreno preparado para la Vigilia del sábado y la Misa final del domingo está inundado, el Santo Padre ha querido encontrarse con los pobres yendo a visitarles en su casa, en la comunidad de Varginha, pequeña favela que representa, en el corazón del Papa, todos los pobres de Brasil. Después de haber sido acogido calurosamente por la población, el Papa dio una vuelta por la favela, estrechando centenares de manos, tomando en brazos y acariciando niños pequeños. Habló de la importancia de la acogida, contra la cultura del egoísmo y, dirigiéndose en particular a los jóvenes, dijo: “Sean los primeros en tratar de hacer el bien, de no habituarse al mal, sino a vencerlo con el bien. La Iglesia los acompaña ofreciéndoles el don precioso de la fe, de Jesucristo”. “Hoy digo a todos ustedes, y en particular a los habitantes de esta Comunidad de Varginha: No están solos, la Iglesia está con ustedes, el Papa está con ustedes. Llevo a cada uno de ustedes en mi corazón y hago mías las intenciones que albergan en lo más íntimo: la gratitud por las alegrías, las peticiones de ayuda en las dificultades, el deseo de consuelo en los momentos de dolor y sufrimiento. Todo lo encomiendo a la intercesión de Nuestra Señora de Aparecida, la Madre de todos los pobres del Brasil”. Con gran sencillez, el Papa visitó a una familia de la comunidad, compartiendo con ellos un rato de su vida y dejándoles su bendición.

De vuelta en Río de Janeiro, el papa Francisco quiso encontrarse en la Catedral metropolitana con los jóvenes argentinos. Hablando en modo improvisado, el Papa se preguntó lo que él mismo esperaba como consecuencia de la JMJ: “Espero lío […] quiero lío en las diócesis, […] quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos”. “La fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio. Es un escándalo […]. La Cruz sigue siendo escándalo, pero es el único camino seguro”. “Hagan lío, […] la fe no se licua…”. El Papa indicó a los jóvenes presentes que se orienten en las Bienaventuranzas del Evangelio, y concluyó, como siempre, con la petición: “Gracias por rezar por mí […] necesito de la oración de ustedes”.

Se prepara la tarde, y la larga y hermosa playa de Copacabana, que resuena de las voces y los colores de todo el mundo. Es la fiesta de la acogida del Papa, donde el Santo Padre, por fin, se encuentra con todos los peregrinos que han llegado a Río. Son cerca de un millón de personas que se han reunido en torno al Papa, que ha abrazado a todos, los presentes y los distantes, con un “corazón de Pastor”. “¡El Cristo Redentor, desde la cima del monte Corcovado, los acoge y los abraza en esta bellísima ciudad de Río!”, así afirmó antes de expresar su gratitud al cardenal Stanisław Ryłko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, que ha promovido la Jornada, al arzobispo de Río, Mons. Orani João Tempesta, y a todos los que han contribuido en la organización del evento.

El papa Francisco pidió a continuación un fuerte aplauso para Benedicto XVI, que había invitado a los jóvenes a esta XXVIII JMJ. “Le pedí que me acompañara en el viaje con la oración. Y me dijo: los acompaño con la oración, y estaré junto al televisor. Así que ahora nos está viendo”, dijo el Santo Padre.

En su saludo, el Papa recordó la página del Evangelio de la llamada de los apóstoles: “Viendo este mar, la playa y a todos ustedes, me viene a la mente el momento en que Jesús llamó a sus primeros discípulos a orillas del lago de Tiberíades. Hoy Jesús nos sigue preguntando: ¿Quieres ser mi discípulo? ¿Querés ser mi amigo? ¿Querés ser testigo del Evangelio?” Dirigiéndose a los jóvenes, el Papa dijo: “En el corazón del Año de la Fe, estas preguntas nos invitan a renovar nuestro compromiso cristiano. Sus familias y comunidades locales les han transmitido el gran don de la fe. Cristo ha crecido en ustedes”. “Con él toda nuestra vida se transforma, se renueva y nosotros podemos ver la realidad con ojos nuevos, desde el punto de vista de Jesús, con sus mismos ojos. Por eso hoy les digo a cada uno de ustedes: ‘Pon a Cristo’ en tu vida y encontrarás un amigo del que fiarte siempre; ‘poné a Cristo’ y vas a ver crecer las alas de la esperanza para recorrer con alegría el camino del futuro; ‘poné a Cristo’ y tu vida estará llena de su amor, será una vida fecunda”.

Todo Brasil se presentó a continuación ante el Papa y todos los jóvenes presentes por medio de una serie de coreografías y cantos, que recordaban cómo la fe en Jesucristo se encuentra en el mismo acto de fundación del país. La fiesta cierra una larga y exigente jornada, llena de emociones y encuentros.

Visita a la comunidad de Varginha (Manguinhos)

Encuentro con los jóvenes argentinos en la catedral de san Sebastián

Fiesta de acogida de los jóvenes

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