El hombre es incapaz de darse a sí mismo la vida, el se comprende solo a partir de Dios: es la relación con Él la que le da consistencia a nuestra humanidad y hace buena y justa nuestra vida. En el Padre nuestro pedimos que sea santificado Su nombre, que venga Su reino, que se cumpla Su voluntad. Es sobre todo el primado de Dios que debemos recuperar en nuestro mundo y en nuestra vida, porque es este primado el que nos permite reencontrar la verdad de lo que somos, y es en el conocer y el seguir la volutad de Dios que encontramos nuestro verdadero bien. Dar tiempo y espacio a Dios, para que sea el centro vital de nuestra existencia.
Concelebración Eucarística al final del XXV Congreso Eucarístico Nacional Italiano
