Mirando a Europa hoy, desde los ojos de una mujer

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Christiana von Habsburg-Löthringen



Nacida de padre alemán y madre italiana, casada desde hace casi cincuenta años, tiene tres hijos y diez nietos. Con su esposo es miembro del Movimiento Regnum Christi; es miembro del Pontificio Consejo para los Laicos y en los últimos veinte años ha trabajado en la educación de mujeres. Christiana actualmente vive en Hungría donde ayuda a su esposo en su trabajo como Embajador del Soberano Orden de Malta, trabajando especialmente a favor de los refugiados.



Escribir sobre la situación de Europa desde los ojos de una mujer en este preciso momento histórico es una tarea interesante, pues nuestra sociedad está afrontando un reto inesperado: una “invasión humana” de refugiados provenientes del Medio Oriente que escapan del terrorismo, la guerra, las bombas, la destrucción de sus hogares y la miseria de los campos de refugiados está invadiendo nuestro Continente. Van llegando en un flujo constante de hasta 6,000 – 7,000 cada día, un río que no termina y no se detiene. Las fronteras e incluso los cercos no los detienen, como al agua de un río poderoso, buscan nuevas maneras y entradas y las encuentran, llenando así una Europa impreparada y abrumada.

Los políticos de los países de frontera de la Unión Europea – Hungría y Croacia – tienen que afrontar esta avalancha por sí solos y lo hacen con valentía, mientras el resto de Europa mira… en una rara muestra de impotencia política.

Estamos experimentando un momento en el que la ideología de hablar y actuar siempre de modo “políticamente correcto” – más que hablar la verdad y usar el sentido común – está desmoronándose hacia su fin. Aquí Europa está afrontando una verdad dramática que requiere usar los sentidos y actuar pronto con compromiso honesto. Los líderes políticos de Europa tienen que aceptar una situación que nunca esperaron y para la que no tienen solución – situación inusual para estos “jugadores globales” occidentales, tan seguros de tener el futuro del mundo firmemente entre sus manos.

Ahora, todos sabemos y creemos que nada en este mundo sucede sin que Dios lo permita – podría ser que estamos siendo testigos de un plan de Dios que se va manifestando, que al final será una bendición para Europa?

Yo así lo siento desde que conocí personalmente a los refugiados aquí en Hungría, ofreciéndoles cuidados y ayuda durante muchos días y noches mientras acampaban bajo la Estación de tren Budapest Keleti. Mientras esperábamos que Europa decidiera si podíamos dejarlos seguir su viaje o no – así que este “campo” de entre 1000 y 2000 personas fue nuestro centro de acción por varios días.

Dado que mi esposo es el Embajador del Soberano Orden de Malta en Hungría, tuvimos intenso trabajo con nuestro Servicio de Caridad que se comprometió y trabajó desde el inicio, ofreciendo comida y agua y cuidados médicos en el arco de todo el día, 24 horas, incluso fines de semana. Contamos con más de 1000 voluntarios y la experiencia de veinticinco años de actividades en Hungría así que el trabajo se movió de modo rápido e incansable.

Lo primero que me impactó por lo inesperado fue la reacción positiva del público general hacia los refugiados: primero, la población húngara nos hizo llover donaciones de comida, bebidas y ropa, de modo tal que era casi demasiado – y esto favoreció nuestro podernos concentrar más y más en la atención médica. Pero además desconocidos, turistas que pasaban de prisa buscando sus trenes, se detenían porque estos refugiados estaban en su camino. Los veían, los miraban y luego se nos acercaban preguntando: “¿Qué puedo hacer? ¡Quiero ayudar! ¿Qué es lo que más necesitan?” Era hermoso ver como solo de verlos sus corazones se movían y se despertaba un deseo espontáneo de ayudar. ¿Así que sus corazones están todavía vivos? ¿Todavía se sensibilizan viendo la necesidad? ¿No están sofocados por nuestro materialismo egoísta occidental? Esto significa esperanza. ¿Será que la caridad traerá la salvación de Europa? En efecto, también los políticos europeos se han dicho sorprendidos por la acogida inesperada que su gente ha ofrecido - ¿no parece esto como un plan secreto de Dios que está empezando a funcionar?

Y luego, los refugiados mismos: si uno se limita a mirar los programas en TV, estas abrumadoras masas de muchos miles en gran apuro – uno se asustará y verá la urgencia de hacer algo para detener esta inundación. Esto tiene su verdad y es un lado de la historia, en el que es necesario encontrar una respuesta pronto – la responsabilidad de esta respuesta está en las manos de nuestros políticos. Pero una vez que entras en contacto personal con los refugiados, descubres el otro lado de la historia: una hermosa historia de gente en su mayoría joven, fuerte, valiente, de gran corazón, con grandes familias, provenientes de Siria, Afganistán e Irak. Han viajado y caminado cientos, miles de kilómetros, a veces sin zapatos, a través de Irán, Turquía, Grecia, Macedonia, Serbia, afrontando dificultades y peligros, buscando un país seguro sin guerra ni terrorismo, en la esperanza de un futuro mejor. Nunca se quejan, no piden nada, tienes que acercarte a ellos y preguntar si necesitan algo, si están bien. ¿Necesitan un doctor? Te agradecen por cada pequeña ayuda con gran gentileza. Si les das una sonrisa, te responden con diez sonrisas calurosas, si les muestras afecto y das un abrazo a una madre o acaricias a sus niños, te abrazan en respuesta y te dicen: “¡eres mi familia!”. Están listos siempre para una carcajada, con gran sentido del humor, a pesar de su situación y de un futuro totalmente impredecible. Una vez terminé de curar un par de enormes pies afganos, había terminado de vendarlos y le dije al joven: “ahora por favor ponte los zapatos con cuidado”. Me respondió con una carcajada: “no tengo zapatos, señora…!” ¡Al día siguiente conseguimos una caja llena de zapatillas deportivas para todo su clan!

Sin embargo, lo que más me impresionó es el amor que tienen por sus niños, la ternura con la que los tratan, los abrazos y caricias que reciben de sus padres cuando los llevan en brazos. ¡Están tan orgullosos de sus hijos! Para ellos cada niño es una bendición del cielo – lo dicen y lo viven. Esto puede notarse en todas sus familias. El amor y afecto que estos niños reciben los hace crecer como hombres y mujeres fuertes y seguros de sí.

Durante estas noches bajo la estación nació un pequeño bebé. El padre nos llamó para que fuéramos a ver – y la madre nos lo mostró levantando la cubierta de la pequeña canastita despacio, con tal orgullo en su cara… ¡como si fuera una reina presentando sus joyas! ¿Dónde vemos esto en Europa? Yo amo los bebés así que admiré todos estos hermosos niños – y a menudo una de estas hermosas jóvenes madres ponía su mano en el vientre con una sonrisa dulce y secreta – indicándome con alegría que había otro en camino. ¡El amor por la vida vivido en pleno en una situación donde no saben dónde dormirán esta noche, qué les traerá el mañana!

Y las mujeres: ¡se les ve tan llenas de dignidad, tan seguras en su rol en el corazón de la familia! No se les ve oprimidas o frustradas en algún modo, más bien se les ve plenas y llenas de fuerza – manteniendo con energía unido su rebaño y dejando a los hombres las tareas externas: las filas por comida, las organizaciones para el viaje y la dura tarea de proteger la familia mientras se planea un futuro imprevisible.

Lo que las hace tan fuertes y llenas de vida es obviamente también su fe: creen en Dios y lo adoran. Se nota inmediatamente cuando estás con ellos, tanto musulmanes como cristianos: si les dices que Dios les va a ayudar en sus dificultades, que vas a rezar por ellos, si solo señalas al cielo o juntas tus manos sonriendo cuando les deseas buen viaje, sus ojos brillan – y asienten con una sonrisa, te entienden, hablamos un lenguaje común. Tenemos algo fuerte que nos une, una “sintonía espiritual” que nos hace iguales – ¡hermanos y hermanas!

Por todo esto es por lo que me he ido convenciendo de que todo esto está sucediendo para la salvación de Europa. ¿No vemos acaso cuánto se ha separado nuestro continente de Dios? ¿No somos testigos de la destrucción de las almas de niños en los que se fuerzan nuevas instrucciones escolares que aparentemente no podemos prevenir? ¿Y qué decir de los miles que se matan cada día antes de nacer? ¿No nos estremecemos por la arrogancia con la que el Creador es rechazado de la vida pública? ¿O totalmente ignorado? ¿No nos preguntamos a veces cuánto tiempo más va a tolerar esto? Y ahora esta enorme onda de refugiados expandiéndose por todo el continente. Inesperada, imprevisible, inmanejable. ¿Será que Su Madre intervino por nosotros? ¿Será que le rogó que le diera a Europa una última oportunidad? ¿Una última oportunidad para excavar las raíces cristianas olvidadas por tanto tiempo? ¿Para redescubrir su corazón? ¿Será que en el futuro podremos ya no ser una minoría luchando por la protección de la vida, haciendo campañas por la familia, promoviendo una verdadera imagen de la feminidad, la verdadera importancia y belleza de la maternidad? ¿Será que en estos recién llegados encontraremos compañeros con las mismas ideas, que comparten nuestros valores a pesar de las diferencias de cultura y religión? ¿Y si en lugar de tenerles miedo nos hiciéramos sus amigos?

La respuesta de los obispos de Hungría al llamado del Santo Padre fue convocar a un día de oración por la paz en Medio Oriente y por la seguridad de los refugiados – y tuvimos un día de oración en todo el país. Quizá podemos, debemos también rezar juntos para que el Plan de Dios se desarrolle sin obstáculos y se cumpla completamente – por la salvación de Europa a través de una verdadera conversión de nuestra sociedad ¡y una verdadera conversión de todos nosotros!

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