«Dios confía el ser humano a la mujer» (cf. MD, 30)

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Seminario de estudio organizado por la Sección mujer. 10 -11 de octubre de 2013.

En el año del vigésimo-quinto aniversario de la publicación de la Carta apostólica Mulieris dignitatem del Beato Juan Pablo II, el Pontificio Consejo para los Laicos quiere proponer una vez más el estudio de este importante documento a partir de la significativa frase que sirve como título al Seminario: «Dios confía el ser humano a la mujer» (cf. MD, 30).

Esta frase se encuentra en la última parte del documento, «La mayor es la caridad» y comprende los números 28 al 30, inmediatamente antes de la conclusión. Podríamos decir que en esta última parte, el Papa recoge las intuiciones de la reflexión «en forma de meditación» que propuso a lo largo del documento, y esclarece algunos puntos sobre la específica dignidad y vocación de la mujer.

Partiendo de una breve referencia a los cambios en la vida de la mujer en los años precedentes, el Papa llama la atención ante aquello que, en medio de tantos cambios, permanece firme porque fundado en Cristo, el mismo ayer, hoy y por los siglos. A continuación, el Papa presenta el concepto del “orden del amor” que le ayuda a definir lo específico de la feminidad. «El orden del amor pertenece a la vida íntima de Dios mismo, a la vida trinitaria» (MD, 29), explica. Y este amor se comunica a las creaturas; tanto el hombre como la mujer al ser creados han sido «puestos» por Dios en este orden del amor; ser creados como personas significa tener «exigencia ontológica» del amor: solo la persona puede amar y ser amada. En este orden, la mujer tiene, en palabras del Papa, «una especie de “profetismo” particular en su feminidad» (MD, 29) porque de modo particular ella es quien «recibe amor para amar a su vez» y esto no solamente en la relación específica del matrimonio sino como su característica más universal y que por ello puede ayudar a comprender la especificidad femenina.

A partir del rol específico de la mujer en el “orden del amor” y de una reflexión sobre el paradigma bíblico de la mujer, Juan Pablo II propone esta importante conclusión: «La fuerza moral de la mujer, su fuerza espiritual, se une a la conciencia de que Dios le confía de un modo especial el hombre, es decir, el ser humano. Naturalmente, cada hombre es confiado por Dios a todos y cada uno. Sin embargo, esta entrega se refiere especialmente a la mujer —sobre todo en razón de su femineidad— y ello decide principalmente su vocación» (MD, 30).

Esta frase será el punto de partida para el estudio que propondrá el Pontificio Consejo para los Laicos a los participantes en el próximo Seminario de estudio; en efecto, veinticinco años después de la publicación de la Mulieris dignitatem, la presencia y participación de las mujeres en la vida social, cultural, económica, política ha seguido creciendo en todo el mundo. Pero junto a ello, vemos crecer por todas partes una grave crisis antropológica que ya el Papa podía ver claramente en 1988. Con el paso de los años parece crecer cada vez más entre nuestros contemporáneos lo que el Papa Benedicto XVI llamaba un «extraño odio de sí mismos» que se traduce en múltiples expresiones de malestar como la crisis de identidades masculinas y femeninas, el creciente influjo de la ideología de gender, la difusión de la cultura de muerte (aborto, mentalidad anticonceptiva, eutanasia), el deterioro de las relaciones humanas producido por la “revolución sexual”, la emergencia educativa, la ley que se convierte en aliada del subjetivismo ético, por mencionar solamente algunas.

Partiendo del estudio de la grande intuición del Beato Juan Pablo II en el número 30 de la Mulieris dignitatem, el Seminario analizará los cambios históricos en la “imagen” de la mujer, se preguntará si estos cambios han significado una renuncia de las mujeres a su rol, se analizarán los múltiples rostros de la hodierna crisis cultural; se reflexionará en el rol de la mujer en la construcción de la civilización del amor; se intentará plantear algunos principios teóricos necesarios para la salvaguardia del humanum; se presentarán algunas propuestas para una nueva civilización del amor. El Seminario ofrecerá amplios espacios para intercambios de ideas y debate.

De este modo, se espera que el Seminario pueda hacerse eco de la invitación que dirigía el Papa Francisco en la Solemne Misa de Inicio de su Pontificado, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a ser «“custodios” de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente» exhortando a no permitir «que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro». Serán días intensos de reflexión sobre el particular rol de las mujeres en la salvaguardia de lo humano que, Dios mediante, resultarán en mayor compromiso de quienes participen por dar su contribución en los diferentes ámbitos. 

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