Las historias más sorprendentes de las variadas prácticas deportivas en el Vaticano

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Por su interés, publicamos el articulo del periodista Javier Lozano “Las historias más sorprendentes de las variadas prácticas deportivas en el Vaticano”, publicado el día 30 de abril en el diario digital “Religión en libertad”.

Deporte e Iglesia han estado tradicionalmente muy unidas y desde la institución siempre se ha animado y promovido la actividad física por todo lo positivo que conlleva para cuerpo y alma.

Ya Pablo VI aseguraba que “sentimos una gran estima por la actividad deportiva, por la diversidad de aspectos humanos que ella manifiesta, promueve, pone en juego, premia y corona”. Como él, los demás Pontífices siempre se han mostrado muy cercanos al mundo del deporte aunque destacando uno por encima de todos, el Beato Juan Pablo II.

Por esto mismo, no es de extrañar que desde la Iglesia se promueva la práctica del deporte. Hecho mismo que llega al corazón de la Iglesia Católica, la pequeña ciudad del Vaticano, que pese a sus pequeñas dimensiones ha albergado en ella una amplia y variada práctica del deporte.

Tiro al plato, tenis, judo…
Muy pocos conocen que en el Vaticano se practican numerosos deportes, algunos de ellos de los más sorprendentes. También ha habido grandes duelos en el interior de los muros vaticanos teniendo como a protagonistas a futuros príncipes de la Iglesia y que años más tarde tendrían una enorme responsabilidad a la hora de guiar la barca de Pedro.

El tenis ha sido uno de los deportes favoritos practicados en la Santa Sede y uno de los que mejores competiciones ha tenido. El omnipresente fútbol es sin duda el más practicado y muy de moda en estos momentos debido a la Clericus Cup. Sin embargo, sorprende más la práctica del judo, que tuvo sus años dorados en el Vaticano, al igual que el tiro al plato o el ciclismo.

¿Campeones y cardenales?
La práctica del tenis ha tenido muchos e importantes adeptos en el Vaticano. Su época dorada comenzó a mediados de los 70, cuando en 1977 se reestructuraron los campos de los jardines vaticanos. Un año después comenzó el ‘Torneo de la Amistad’, que fue muy disputado y cuyo vencedor fue ni más ni menos que Giovanni Battista Re, ahora cardenal vicedecano del Colegio Cardenalicio y que tuvo un papel principal en el Cónclave. Entonces apenas era un sacerdote que trabajaba en la Secretaría de Estado.

Su rival en la final fue otro italiano, el jesuita Roberto Tucci, director general de Radio Vaticana hasta 1985 y ahora también cardenal. Una final de nivel en la primera edición del torneo pues las dos mejores raquetas eran dos futuros cardenales.

En el partido por el tercer puesto el guardia suizo Peter Hasler consiguió finalmente imponerse al español Faustino Sainz Muñoz. El manchego pertenecía a la carrera diplomática y llegó a ser arzobispo tras ejercer como Nuncio en varios países, entre ellos Reino Unido. Falleció en octubre de 2012.

La etapa dorada del tenis
Tras el gran éxito de la primera edición, el dominio de los sacerdotes no pudo continuar y los vencedores en las siguientes ediciones fueron los empleados de la Administración de Patrimonio de la Santa Sede. El torneo se fue ampliando hasta el hecho de que podían participar los hijos de los empleados.

En 1985 se llegó al punto más alto con la organización del Open Vaticano, que contó con la presencia simbólica del doble ganador de Roland Garros y uno de los mejores tenistas italianos de la historia, Nicola Pietrangeli. “Me alegro de que pueda verse toda esta actividad deportiva que normalmente la gente no conoce. Me parece muy bonito porque se trata de gente que trabaja y forma parte de la ciudad del Vaticano”, aseguraba el tenista italiano. Años después los torneos dejaron de celebrarse por falta de participantes pero en 2008 volvió a llevarse a cabo a iniciativa de los empleados de los Museos Vaticanos.

¿Judo en el Vaticano?
El judo es otros de los deportes legendarios practicados en el interior del Vaticano. Aunque no han existido competiciones propiamente dichas sí que ha sido una de las modalidades con mayor éxito.

Todo ello gracias a Pio Gaddi. Fue uno de los precursores del judo en Italia y consiguió para su país la primera medalla en un campeonato internacional, en los Europeos de París de 1952. Sin embargo, él afirma ser vaticano más que italiano pues nació, se crió y creció en los muros de la pequeña ciudad.

Nacido en el Vaticano, para enseñar en el Vaticano
Gaddi trabajó desde 1959 a 1993 en el archivo de la Gobernación del Vaticano aunque sus cometidos en la Santa Sede fueron mucho mayores. Al ser de casa y gracias a su amplio currículo deportivo pues es cinturón negro legendario y árbitro internacional en varios JJOO, fue el encargado de enseñar este arte marcial en el Vaticano.

Él siempre ha dicho que tuvo “el honor” de haber sido la persona que enseñó defensa personal a los guardias suizos, cuerpo para el que preparó un programa especialmente diseñado para ellos. Más tarde entrenó también a la policía vaticana y a los guardias de los museos vaticanos. Por todo ello, fue distinguido por varios Papas, como Pio XII y Pablo VI y fue nombrado caballero de San Gregorio Magno del Estado de la Ciudad del Vaticano, en 1981.

Y como no, el fútbol
Sin embargo, el deporte más practicado, tal y como cabía esperar en el interior del Vaticano, es el fútbol, el deporte rey. El primer partido de la llamada selección vaticana se produjo en 1973 y desde 2010 ya existe una Federación Vaticana de Fútbol, reconocida por la UEFA. La selección está formada por miembros de la guarda suiza y de finanzas y por trabajadores del Vaticano.

Esta selección ha jugado varios partidos internacionales contra Monaco y Liechtenstein y ha llegado a tener como entrenador al prestigioso Giovanni Trappatoni, uno de los técnicos más laureados de Europa y devoto católico. De momento, los resultados han sido bastante discretos. Sin embargo, Michel Platini ya ha abierto la puerta para que el pequeño estado participe en la Eurocopa de 2016.

Bertone y su Clericus Cup
Pero a un nivel más local existe la Clericus Cup, que en su séptima edición sigue atrayendo a numerosos medios de comunicación de todo el mundo. Es un torneo que atrae a los seminarios y universidades católicas que están en Roma y cuyo gran impulsor ha sido el secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone, un gran aficionado al fútbol.

Esta práctica deportiva en el Vaticano no hace otra cosa que poner de manifiesto la importancia que la Iglesia le da. De hecho, existe una oficina “Iglesia y Deporte”, que depende del Pontificio Consejo para los Laicos.

La Iglesia y el deporte
La Iglesia no puede ser ajena a los tiempos y sabe de la importancia que el deporte y los deportistas tienen en la sociedad de hoy. Los valores del cristiano son completamente compatibles con los del deporte: el esfuerzo, el sacrificio…y la Iglesia tiene mucho que decir en este asunto.


“La Iglesia está interesada en el deporte porque es un medio, o puede ser un medio para educar a los jóvenes y también una magnífica herramienta de descanso. El deporte lleva consigo valores positivos y por eso nos interesa promoverlo no sólo dentro del Vaticano sino por todo el mundo”, asegura el padre Kevin Lixey, director de esta oficina pontificia.

Los Papas deportistas
Los últimos Papas han sido conscientes de ello y han dedicado cientos de mensajes al deporte puesto que además algunos de ellos eran auténticos deportistas. Pio XI escaló el Mont Blanc mientras que Pio XII era conocido como el Papa del deporte. Leon XIII definió el deporte como “un medio de comunicación de masas” y Benedicto XVI dijo que “el deporte enseña disciplina y rigor y da la posibilidad de vencer y recibir libertad”.

Por otro lado está Juan Pablo II, amante del deporte y de los deportistas. Hasta 120 discursos dedicó a este asunto el que fue además creador de la oficina Iglesia y Deporte. El padre Lixey cuenta del beato que “iba a esquiar cuando podía. Le encantaban los deportes y por eso recibía a atletas de todo el mundo. Cuando era joven jugaba al fútbol, era defensa y metía muchos goles. Después, ya de sacerdote, iba en canoa con amigos. Le encantaba hacer senderismo. Incluso cuando era Papa siguió practicándolo. Fue un hombre que amaba la naturaleza y practicar actividades físicas”.

 

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