Varón + Mujer = La riqueza de la complementariedad

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Dra. Patricia Debeljuh
Directora Centro Walmart
Conciliación Familia y Empresa
IAE Business School
Universidad Austral


La incorporación masiva de la mujer al mundo laboral y público ha modificado no sólo el ámbito del trabajo sino que trajo consigo consecuencias en la sociedad. El acatamiento al varón no sólo restringía la libertad de la mujer sino que también afectaba al hombre en cuanto que renunciaba a una auténtica amistad y colaboración con ella. Afortunadamente ambos se dieron cuenta de la pérdida que implicaba esta situación y se fueron dando los cambios necesarios para poder llegar a plantear no sólo la igualdad entre ellos sino también la complementariedad y la co-responsabilidad.

Es un hecho que los hombres y las mujeres tienen unas características positivas propias, se desempeñan, se comunican y resuelven los problemas que se les presentan de manera diferente. Tanto el hombre como la mujer tienen sus puntos distintivos que sumar tanto a la familia como al trabajo, homologarlos sería hacer un reduccionismo de la naturaleza femenina y masculina. No se presenta esta cuestión como una disputa o un tema de quien es más o quien es menos: se trata de dar algunas claves para ayudar a que se complementen con las competencias de unas y de otros, lo que llevará a un mejor entendimiento entre ellos y a una más profunda comprensión de la distinta forma de ver y de actuar en la vida.

Durante años se ha entendido la relación entre varón y mujer dentro de una lógica dialéctica, como si un sexo fuera la negación del otro. No se trata de una lucha de contrarios, de un antagonismo de clases ni de una contienda entre ellos. La plenitud de lo humano no la realiza ni ella ni él por separado sino la unión de ambos configura lo plenamente humano. Varón – mujer son complementarios porque lo humano no es ni femenino ni masculino sino que se necesita de la ayuda mutua de los dos. Esto es lo que explica la complementariedad entre ellos.

Las diferencias entre varón y mujer tienen una característica importante: ellas mismas también son complementarias. Así, por ejemplo, lo característico de lo femenino es un mayor dominio del conocimiento experimental sobre el abstracto y propio de lo masculino es lo contrario. Esto le permite al varón tener mayor capacidad para decidir y dominar las cosas y para manejar ideas abstractas. A la mujer, en cambio, le resulta más fácil el trato con las personas y tiene una visión de lo concreto y de los detalles. Se puede afirmar que los hombres tienden a ser más racionalistas y las mujeres más realistas.

Es precisamente esta complementariedad la que lleva a que juntos, varón y mujer, solidariamente lleguen a las mejores decisiones, porque cada uno saca lo mejor de sí unido al otro. De aquí se deriva una consecuencia: la complementariedad entre ambos es dinámica. Si la racionalidad del varón y la visión realista de la mujer fueran perfectas y completas no necesitaría uno del otro. Sin embargo, es precisamente en esta mutua complementariedad donde uno puede ayudar al otro a ser mejor. Así, por ejemplo, la mujer puede quedar demasiado pegada a los afectos y a sus vivencias, corriendo el riesgo de que su conocimiento experimental la lleve a anclarse demasiado en él. Será precisamente el varón quien la ayude a dar un paso y decidirse a encaminar esos sentimientos en una decisión razonable. Del mismo modo, puede decirse que un varón, al no estar tan ligado a los detalles, le falta intuición, tiende a centrarse en unos aspectos de la decisión e ignorar otros. Será en este caso, la mujer la que lo ayude a evaluar todas las alternativas para que no actúe de manera equivocada por no contemplar toda la realidad. Salta a la vista la solidaridad que puede darse entre ellos.

La riqueza de la complementariedad está también llegando al mundo de las empresas porque toda persona que trabaja asume el desafío diario de lograr el ansiado equilibrio entre las muy a menudo demandas contrapuestas que presenta la vida personal y la actividad laboral. Aunque en teoría es fácil armonizar estos dos ámbitos, a la hora de conciliarlos se presentan conflictos y dilemas. Las necesidades económicas y las presiones de un mercado laboral marcado por la desocupación hacen que las personas encuentren cada vez más dificultades para alcanzar ese equilibrio. Quien consigue un empleo estable, hace lo imposible por mantenerlo, muchas veces a costa de dedicarle menos tiempo a su familia.

Familia y Trabajo son dos ámbitos de la vida humana que se atraen y a la vez se exigen porque en ellos se centra el desarrollo personal. En efecto, desde lo más íntimo de su ser, cada persona es llamada a alcanzar su plena perfección en el mundo laboral y en su ámbito familiar. Ambas realidades están íntimamente relacionadas: el trabajo se entiende en relación con las personas que uno quiere y, por tanto, se trabaja para la propia familia, en vistas a desarrollarla y a mejorarla.

La familia es el primer ámbito irrenunciable donde la persona desarrolla todas sus potencialidades y donde ejerce una dimensión propia como es la donación. Muchas veces se considera que esta cuestión atañe sólo a las mujeres -porque se lo asocia exclusivamente con la maternidad- pero no es así. También el varón ha de dedicar tiempo y entregar sus mejores energías dentro del ámbito familiar porque no puede resignar facetas importantes de su personalidad, como son el hecho de ser esposo, padre, hijo o abuelo.

Por su parte, el trabajo es el otro gran ámbito de perfeccionamiento personal en el cual el individuo despliega otras capacidades y las pone al servicio de los demás. El trabajo tiene que llevar a un verdadero desarrollo personal y no convertirse en una mera contraprestación ineludible para recibir un beneficio económico. Por tanto, toda organización ha de supeditarse al desarrollo de las personas, ya que su fin es la persona. Sólo desde esta perspectiva se entiende la responsabilidad que le cabe a la empresa en esta tarea de perfeccionar al hombre y de ayudarlo a que pueda desarrollarse en los dos ámbitos planteados. Es por eso que a nivel global se está difundiendo el compromiso por la responsabilidad familiar corporativa que lleva a tomar a la familia del colaborador como un nuevo stakeholder para la empresa.

Las compañías están tomando cada vez más conciencia de su responsabilidad en este tema y reconocen las necesidades personales de sus empleados y desarrollan estrategias para armonizar el trabajo y la vida familiar. Horario flexible, semana laboral comprimida, subsidios por guarderías, lactarios, pasantías para los hijos de los empleados, licencias por maternidad y paternidad extendidas más allá de la ley, son algunas de las prácticas más difundidas entre las empresas.

Ha llegado la hora de la complementariedad y descubrir que es esencial, necesaria y enriquecedora tanto para el varón como para la mujer. Entender este cambio de paradigma con el consiguiente cambio cultural llevará tiempo pero cuanto antes se comience a transitar por este nuevo camino, más pronto varón y mujer disfrutarán sus logros.

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