El saludo del Card. Stanisław Ryłko al Papa

ap-2011-40

Beatísimo Padre:

Los miembros y consultores del Consejo Pontificio para los Laicos, llegados a Roma para la XXV Asamblea Plenaria del dicasterio, con el corazón lleno de gratitud por el don de esta audiencia, le expresan su más cordial afecto y filial devoción.

Cada Asamblea Plenaria es para nuestro Consejo un tiempo fuerte de revisión y balance de las actividades desarrolladas, pero también una ocasión para proyectar juntos el futuro, para determinar nuevas metas a alcanzar en el servicio por la causa del laicado católico. En la vida de nuestro dicasterio, el período transcurrido desde la última Plenaria ha sido especialmente fecundo y marcado por dos eventos importantes. El primero fue el Congreso de Laicos Católicos de Asia, que tuvo lugar en Seúl, Corea del Sur, en el mes de septiembre del año pasado. Fue una verdadera “bocanada de oxígeno” y un gran aliento para muchos católicos asiáticos, que viven como una pequeña minoría en situaciones a menudo extremamente difíciles. El segundo acontecimiento, en cambio, fue la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid en el mes de agosto de este año, que fue de verdad una cascada de luz y de esperanza para toda la Iglesia. Más de un millón de jóvenes dieron un testimonio extraordinario de una fe llena de alegría y entusiasmo, un testimonio que el mundo de hoy tanto necesita. Y ahora miramos al futuro. Estamos preparando un Congreso Panafricano de los Laicos Católicos que tendrá lugar en Camerún en el mes de septiembre de 2012.

El tema de la Asamblea Plenaria de este año es: “La cuestión de Dios”. Se trata del primado de Dios en la vida del hombre. Usted, Santo Padre, no se cansa de recordarnos que el verdadero problema de nuestro tiempo es precisamente la “crisis de Dios”, “la ausencia de Dios”, aquel “extraño olvido de Dios” entre muchos de nuestros contemporáneos. Pero la “crisis de Dios” genera una profunda crisis del hombre.

En la encíclica Caritas in Veritate Usted afirma claramente: “Sin Dios el hombre no sabe adonde ir ni tampoco logra entender quién es. […] El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano” (N.º 78).

La cuestión de Dios se ha convertido hoy verdaderamente en un tema explosivo. Las crisis que la Iglesia está viviendo, sobre todo en el mundo occidental, es en el fondo una crisis de fe. La ausencia de Dios, en este tiempo, es cada vez mayor y aumenta el riesgo de que no pocos laicos cedan a las presiones de la postmodernidad que excluye a Dios del horizonte de la vida del hombre.

Gracias, Santo Padre, por su insistente llamada a reflexionar y revivir la fe en un modo nuevo, sin atenuantes y sin compromisos con la mentalidad de este mundo. Gracias por haber convocado el Año de la fe que iniciará el 11 de octubre de 2012. Gracias porque nos invita al estudio y al redescubrimiento de las verdades fundamentales de la fe contenidas en el Catecismo de la Iglesia Católica.

El mundo de hoy necesita urgentemente cristianos que sean verdaderos “hombres de Dios”, verdaderos “adoradores de Dios”, porque como Usted, Santo Padre, nos enseña: “Sólo a través de hombres tocados por Dios, puede Dios volver a los hombres”. Todos sabemos que justo aquí se echa a suerte la nueva evangelización de nuestros días.

Santidad, atentos a la palabra que Usted nos querrá dirigir, imploramos Su bendición sobre el Consejo Pontificio para los Laicos: los miembros y consultores aquí presentes – cardenales, obispos, sacerdotes y los numerosos laicos con sus familias.

Santo Padre, ¡bendíganos a todos!

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