Sección Asociaciones y Movimientos

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En la Constitución apostólica Pastor Bonus (Art. 134) podemos leer, en relación a las competencias del Consejo Pontificio para los Laicos: «El Consejo, en el ámbito de su competencia, trata todo lo referente a las asociaciones laicales de fieles cristianos; erige las que tienen carácter internacional y aprueba o reconoce sus estatutos (…); por lo que se refiere a las terceras órdenes seculares, se ocupa (…) de lo referente a su actividad apostólica».

En el documento que hoy podemos considerar la “magna charta” del laicado católico, la exhortación apostólica postsinodal Christifideles Laici, el beato Juan Pablo II habla de «una nueva época asociativa de los fieles laicos» en la que «junto al asociacionismo tradicional, y a veces desde sus mismas raíces, han germinado movimientos y asociaciones nuevas (…)».

En los últimos años, esta nueva época asociativa ha mostrado un brotar continuo de nuevos frutos y ha recibido un impulso particular gracias a algunos acontecimientos, que podemos considerar “históricos”.

En primer lugar, recordemos el encuentro de Juan Pablo II con los movimientos eclesiales, asociaciones y nuevas comunidades en la plaza de San Pedro el 30 de mayo de 1998, Vigilia de Pentecostés. En aquella ocasión, Juan Pablo II les abrió a estas realidades asociativas un nuevo horizonte para el tercer milenio: «Hoy ante vosotros se abre una etapa nueva: la de la madurez eclesial. Esto no significa que todos los problemas hayan quedado resueltos. Más bien, es un desafío, un camino por recorrer. La Iglesia espera de vosotros frutos «maduros» de comunión y de compromiso».

Aquí queremos recordar además el Congreso Mundial de los Movimientos Eclesiales, que se intituló “Los movimientos eclesiales: comunión y misión en el umbral del tercer milenio”, organizado precisamente en aquella ocasión por el Consejo Pontificio para los Laicos. El entonces cardenal Joseph Ratzinger intervino con una histórica conferencia, titulada “Los movimientos eclesiales y su colocación teológica”, en la que ofrecía un excursus histórico y teológico de estas realidades asociativas de fieles en el seno de la Iglesia, abriendo nuevas perspectivas de colaboración y una unidad más estrecha entre los pastores de las Iglesias locales y los movimientos.

 

Recordemos también el nuevo encuentro internacional de los movimientos y nuevas comunidades en la plaza de San Pedro el 3 de junio de 2006, Vigilia de Pentecostés, muy deseado desde el inicio del pontificado del Santo Padre Benedicto XVI que, al convocar todas estas realidades asociativas, expresó el gran deseo de encontrarse con éstas personalmente precisamente al inicio de su ministerio petrino.

La multiplicación de las experiencias asociativas ha necesitado y continúa necesitando del Consejo Pontificio para los Laicos – a quien también se le ha encomendado la delicada responsabilidad del discernimiento de estas nuevas formas comunitarias – un estudio atento y puntual de la normativa canónica vigente y el ejercicio de su “potestas iurisdictionis”.

El florecimiento de las asociaciones laicales y la voluntad de contestar concretamente a las palabras de aprecio por estas realidades asociativas en el seno de la Iglesia de parte de los pontífices, impulsan a nuestro dicasterio, a través de esta sección, a mantener un estrecho contacto con ellas, a seguir su evolución e historia, a valorar las pedagogías y los impulsos apostólicos, a favorecer más y más el mutuo conocimiento, que genera ocasiones de encuentro y cooperación, a facilitar la activa colaboración entre las realidades asociativas y los pastores de las Iglesias locales. De este modo conoceremos la riqueza de su presencia en la misión de la Iglesia y se hará cada vez más viva su comunión eclesial en la diversidad y complementariedad de los carismas que las animan.


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