Los trabajos del Seminario de estudio

En los días 6 y 7 de noviembre de 2009, la sección “ Iglesia y Deporte ” del Consejo Pontificio para los Laicos organizó un Seminario de estudio sobre el tema “Deporte, educación, fe. Hacia una nueva época del movimiento deportivo católico ”, para evaluar las oportunidades que las asociaciones deportivas católicas pueden ofrecer a la misión del la Iglesia.

En el Seminario, que se realizó en Villa Aurelia de Roma, participaron cerca de noventa delegados provenientes de cinco continentes.

El papa Benedicto XVI, en el mensaje enviado al cardenal Stanisław Ryłko para la ocasión, dijo que « el deporte posee un valioso potencial educativo, sobre todo en el ámbito juvenil y, por esto, ocupa un lugar de relieve no sólo en el uso del tiempo libre, sino también en la formación de la persona ».

El Santo Padre observó que esto vale sobre todo para la actividad « que se lleva a cabo en los oratorios, en las escuelas y en las asociaciones deportivas, con el fin de asegurar una formación humana y cristiana a las nuevas generaciones ».

El Papa resumió la importancia de la presencia de la Curia en el ámbito deportivo juvenil afirmando que «mediante las actividades deportivas, la comunidad eclesial contribuye a la formación de la juventud, proporcionando un ámbito adecuado a su crecimiento humano y espiritual.

 

Las iniciativas deportivas, cuando tienen como objetivo el desarrollo integral de la persona y se realizan bajo la dirección de personal cualificado y competente, son una buena ocasión para que sacerdotes, religiosos y laicos puedan convertirse en verdaderos educadores y maestros de vida de los jóvenes. Por lo tanto, en nuestra época —en la que resulta urgente la exigencia de educar a las nuevas generaciones—, es necesario que la Iglesia siga sosteniendo el deporte para los jóvenes, valorizando plenamente también la actividad agonística en sus aspectos positivos, como, por ejemplo, en la capacidad de estimular la competitividad, la valentía y la tenacidad a la hora de perseguir los objetivos, pero evitando cualquier tendencia que desvirtúe la naturaleza al recurrir a prácticas incluso dañinas para el organismo ».

Estas palabras del papa Benedicto XVI permitieron centrar la atención en el enorme potencial que la actividad deportiva, asociada a la Iglesia, posee en relación a la formación humana y cristiana de los jóvenes, y nos permitieron profundizar detalladamente la contribución de la fe católica en el deporte.

En su reflexión de apertura, el cardenal Ryłko ofreció una breve descripción de cuatro características que distinguen una asociación deportiva católica. Una asociación se puede llamar de verdad católica si promueve y gestiona la actividad deportiva en base a principios cristianos, si tiene una “ intencionalidad educativa ”; si invierte tiempo y recursos para capacitar a entrenadores y formadores para que cumplan bien su misión; si valoriza los aspectos asociativos del deporte, como la fraternidad en las relaciones humanas; por último, si sabe orientar hacia Dios a los jóvenes comprometidos en estas actividades deportivas.

S.E. Mons. Carlo Mazza, antiguo jefe de oficina de la Conferencia Episcopal Italiana para la Pastoral del Deporte y del Tiempo Libre, analizó la contribución de varios pontífices con relación a la identidad y la misión de las asociaciones deportivas católicas. Citando a Pío XII, subrayó que « con el aliciente de instituir un movimiento deportivo “ cristiano ”», la Iglesia, « ciertamente no se propone tener el monopolio de determinadas actividades […]. Ella cumple e integra lo que falta a una idea, a una actividad y obra que, por excesos o defectos o por la ausencia de fundamentales ideales, no estén acordes con la dignidad cristiana o estén incluso en contra de ella ».

Mons. Mazza recordó cuánta importancia han dado los pontífices del siglo pasado a la actividad deportiva en el seno de la Iglesia, porque al respetar la dignidad de la persona humana y su última meta ésta puede ser un modelo para el deporte y “ levadura ” en este vasto mundo.

A la luz de las enseñanzas del Magisterio, el prelado, antiguamente capellán en diversas ediciones de las Olimpiadas, explicó que para conocer una nueva época, el asociacionismo deportivo católico, además de garantizar una continua tutela de la persona humana, debe poner énfasis en la asociación misma como ambiente de educación a la vida, como lugar donde el trato humano y personal que se crea entre entrenador y atleta pueda florecer, y donde el carisma de la unidad que el deporte lleva consigo pueda tener resultados mayores.

Con respecto a la intencionalidad educativa, el Prof. Mike McNamee de la Universidad de Swansea habló de cómo las virtudes se desarrollan con la actividad deportiva. Dijo que, adquiriendo las virtudes, « la práctica hace firmes, no perfectos ». Por ello, es de fundamental importancia que los niños sean educados en el deporte por personas de integridad moral y que puedan ser para ellos, además de entrenadores deportivos, un modelo excelente.

Para entender cómo obstaculizar la mentalidad del “ ganar a toda costa ”, que se va extendiendo en el deporte juvenil, en una mesa redonda se discutió sobre el tema “ Formar verdaderos campeones ”.

Demetrio Albertini, antiguo campeón mundial italiano de fútbol, testimonió cómo su éxito en el deporte ha sido más bien un don y no tanto un mérito personal; nombró además la ayuda que recibió de su familia, del entrenador y de los demás atletas del equipo. Sir Philip Craven, antiguo campeón de baloncesto en silla de ruedas y actual presidente del Comité Paraolímpico Internacional, habló del significado de ser un campeón no « a pesar de su minusvalidez física » sino precisamente « a través de ella », dando testimonio de cómo estos desafíos puedan despertar lo mejor de una persona. En la misma mesa redonda intervino Valerio Bianchini, entrenador de baloncesto, que llevó a los equipos italianos a la victoria también a nivel europeo. Hablando de la actividad del entrenador – que requiere tiempo, mucha paciencia y disciplina – dijo cómo estos factores, dando a cada uno el sentido de la disciplina y autoestima, llegan a mostrar el campeón que hay dentro de cada joven y cómo este sentido es útil para el juego en equipo, como también en otras muchas situaciones de la vida.

La primera jornada terminó con una reflexión personal de la escritora y antigua atleta olímpica de canoa, Susan Saint Sing, que mostró algunos paralelismos entre el agotamiento y el sufrimiento que se experimentan en el deporte –al aceptar tanto la derrota como las heridas – y el agotamiento y el sufrimiento que se deben aguantar en la vida.

El segundo día se abrió con una conferencia de Edio Costantini, presidente de la Fundación Juan Pablo II para el Deporte, sobre algunas de las nuevas propuestas y estrategias que se están experimentando en Italia y en otras partes del ambiente deportivo católico para favorecer este componente educativo. Considerando la grande crisis educativa que amenaza a los jóvenes de hoy, el Sr. Costantini destacó el hecho de que las asociaciones deportivas juveniles son las únicas que sirven de lugar de encuentro en una edad a menudo marcada por la soledad de la computadora personal; estas asociaciones pueden ser un lugar de acogida y orientación, pero sobre todo de esperanza para los jóvenes que han perdido el sentido de su existencia. Éstas pueden animarles a oponerse a la tendencia de un deporte que considera a la persona humana como homo economicus para devolverle aquella imago Dei en la relación con los demás.

Durante la segunda jornada se tuvo una última mesa redonda para explorar más específicamente las oportunidades que estas asociaciones deportivas ofrecen para dar testimonio de Cristo. Además de destacar el determinante testimonio evangélico que un entrenador puede transmitir a su atleta, se vio también cómo el deporte puede construir un puente entre la gente de diversa fe y donde los pueblos están divididos por prejuicios o guerras.

Finalmente, en la conclusiones, el Secretario del Consejo Pontificio para los Laicos, S.E. Mons. Josef Clemens, instó a estas asociaciones católicas a no sucumbir a los embates de la secularización, sino a confirmar de nuevo la propia identidad católica y convertirse así en aquella “minoría creativa ” en el vasto mundo del deporte.

En la homilía de inicio de su pontificado, el papa Benedicto XVI dijo al mundo entero: «¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo –si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a él? » Y el Papa respondió: «¡No! quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada – absolutamente nada – de lo que hace la vida libre, bella y grande. […]Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno ».

Nuestra esperanza es que este tercer seminario de estudio de la Sección “ Iglesia y Deporte ” sobre la misión específica y la identidad católica de las asociaciones deportivas sirva para motivar a los que están comprometidos con el deporte juvenil como voluntarios, entrenadores o en otros servicios, para aprovechar plenamente las muchas y valiosas oportunidades que el deporte ofrece, para ser así una ayuda en la solicitud pastoral de los jóvenes.

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