Las actas del Congreso

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Del 31 de agosto al 5 de septiembre de 2010, tuvo lugar en Seúl, Corea del Sur, el Congreso de los Laicos Católicos de Asia, que se inscribe en la tradición del Consejo Pontificio para los Laicos de convocar periódicamente a los laicos comprometidos en la Iglesia en una región geopolítica o en un continente, acompañados por sus Pastores, para que puedan conocerse, intercambiarse y ayudarse en el signo de la unidad con la Sede de Pedro para fortalecer su acción apostólica.

Se eligió el continente asiático por el gran desarrollo económico y las profundas transformaciones sociales que, gran parte de esta región del mundo, está experimentando en los últimos años. Por ello se escogió Corea del Sur para que albergara este nuevo encuentro, centrado en el tema “ Anunciar a Cristo en Asia hoy ”.

Desde su programación, realizada en estrecha colaboración con la Comisión para el Laicado de la Conferencia Episcopal Coreana y el Consejo Nacional de Laicos local, el Congreso recibió el apoyo y la ayuda concreta de tantas realidades eclesiales presentes en Asia, que han demostrado su vitalidad y participación activa.

Participaron con entusiasmo las delegaciones de diecinueve países miembros o asociados de la Federación de las Conferencias Episcopales Asiáticas (FABC), casi todas guiadas por un obispo, algunos responsables de la misma FABC y treinta y siete delegaciones de asociaciones, movimientos eclesiales y nuevas comunidades reconocidas por la Santa Sede, que están presentes y trabajan en Asia.

Muchos obispos y cardenales, con su presencia activa y participativa, han dado testimonio de que comparten las temáticas inherentes a la participación de los laicos en la vida de la Iglesia que está en Asia y de su preocupación pastoral en relación a la acción apostólica de los christifideles laici.

El cardenal Stanisław Ryłko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, inauguró el Congreso presidiendo la santa misa en la catedral de Myongdong en Seúl en la mañana del 1 de septiembre.

Como muestra del clima de plena comunión eclesial vivido en los días del Congreso, participaron en la celebración presbíteros, religiosos y laicos de diferentes nacionalidades, junto al cardenal Nicholas Cheong Jinsuk, arzobispo de Seúl, al cardenal Telesphore Placidus Toppo, arzobispo de Ranchi (India), al arzobispo Osvaldo Padilla, nuncio apostólico en Corea, y a numerosos obispos coreanos y de otras diócesis asiáticas.

En su saludo inicial, el cardenal Ryłko recordó que el desafío de la evangelización requiere un profundo descubrimiento de la misión profética de todos los bautizados, y exhortaba a todos a estar orgullosos de ser católicos y de no temer de proclamar el Evangelio.

En todos los participantes suscitó una gran emoción y viva gratitud la lectura por parte del nuncio apostólico en Corea, Mons. Osvaldo Padilla, del mensaje enviado por Su Santidad Benedicto XVI. En éste el Santo Padre recordaba que « los católicos en Asia están llamados a ser signo y promesa de aquella unidad y comunión – comunión con Dios y entre los hombres – de la que toda la familia humana debe gozar y que Cristo hace siempre posible ».

Añadió que « se les ha confiado una gran misión: la de dar testimonio de Jesucristo, el Salvador universal de la humanidad. Este es el servicio supremo y el regalo más grande que la Iglesia puede ofrecer a los pueblos de Asia, y es mi esperanza de que la presente Conferencia sirva de aliento y dirección renovadas en la asunción de este sagrado mandato ».

El Papa subrayó el tema de la necesidad de la proclamación de Jesucristo en Asia hoy, diciendo que los laicos católicos « en unión de mente y corazón con sus pastores, y acompañados en cada paso de su camino de fe por una sana formación espiritual y catequética, necesitan ser animados a cooperar activamente no sólo en la construcción de sus comunidades cristianas locales, sino también en la elaboración de nuevos caminos para el Evangelio en cada sector de la sociedad ».

A continuación mencionó algunos campos que en modo particular necesitan este anuncio, como son el testimonio del amor conyugal y de familia cristiana, la defensa de la vida in toto, la preocupación por los pobres y los oprimidos, la disposición al perdón, el testimonio de justicia, verdad y solidaridad en los lugares de trabajo y en la vida pública.

Expresó su apreciación tanto por el papel significativo de tantos laicos comprometidos en las parroquias como catequistas, como de las « asociaciones y movimientos eclesiales dedicados a la promoción de la dignidad y la justicia humana » que « demuestran de forma con¬creta la universalidad del mensaje evangélico de nuestra adopción como hijos de Dios ».

El Santo Padre impartió sobre los participantes su bendición apostólica esperando « que la Iglesia en Asia pueda dar un testimonio cada vez más ferviente de la incomparable belleza de ser cristiano, y proclame a Jesucristo como el único Salvador del mundo ».

También llegaron saludos del presidente de la República de Corea, Lee Myung Bak, en un mensaje leído por el ministro de la cultura, del deporte y el turismo, Inchon Park, en el que, recordando el gran aporte de los mártires de la Iglesia católica que está en Corea a la madurez espiritual y a la reconciliación del pueblo coreano, el presidente demostró un vivo aprecio por la elección de celebrar este congreso en Seúl.

Asimismo el cardenal Nicholas Cheong Jinsuk, arzobispo de Seúl, presentó su saludo, exhortando a todos los participantes a redescubrir la propia vocación y misión en la Iglesia para anunciar con entusiasmo a Jesucristo.

En una primera conferencia, P. Felipe Gómez, S.I., del East Asian Institute de Manila (Filipinas), presentó con habilidad la línea de continuidad que recorre la historia de la misión de la Iglesia en Asia a lo largo de dos milenios de evangelización y testimonio de santidad y martirio, y profundizó sus etapas principales.

Después le llegó el turno al cardenal Telesphore Placidus Toppo, que centró la atención de los participantes en los principales desafíos de la evangelización en Asia hoy, recordando las dos dimensiones fundamentales que el cristiano llamado a proclamar el Evangeliodebe tener presente: la misionera y la del testimonio de la vida.

En el primer día del Congreso se realizó la presentación de diferentes realidades geopolíticas y eclesiales por medio de testimonios, en parte entusiastas y conmovedores, de los representantes de las diferentes conferencias episcopales nacionales, que ilustraban su experiencia de vida cristiana y de anuncio del Evangelio en contextos a menudo difíciles, en los que los católicos son una exigua minoría, pero en todo caso una “ minoría creativa ”, artífice de una renovación real y transformación a la luz del Evangelio de tantas realidades y contextos también muy alejados de Dios.

En el segundo día le tocó el turno al secretario del Consejo Pontificio para los Laicos, Mons. Josef Clemens, que recorrió con gran claridad los contenidos de la exhortación apostólica postsinodal Christifideles Laici concernientes a la vocación y misión de los laicos en la Iglesia, releyéndolos desde una sabia óptica, y destacó la continuidad entre los contenidos de este documento, magna charta para el laicado católico, y el pensamiento primero y el magisterio después de Joseph Ratzinger, cuyas temáticas fundamentales había anticipado y compartido.

La segunda intervención estuvo a cargo de P. Joseph Dinh Duc Dao, vietnamita, docente en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma; en ella desarrolló sus consideraciones se¬gún la importancia de la formación cristiana de los laicos católicos en Asia como base fundamental de su capacidad misionera. Recordó cómo « formación significa misión », porque por medio de ella los católicos maduran en la fe y pueden compartirla de verdad con los demás. A partir de ahí exhortó a prestar máxima atención sobre los programas de educación y formación en la fe orientada a todos los fieles.

Los trabajos del 2 de septiembre continuaron con dos mesas redondas, en las que varios huéspedes compartieron con la asamblea sus experiencias y su formación específica en diferentes sectores de la vida y sociedad de primera importancia para una genuina evangelización de los pueblos.

Después de la concelebración eucarística, la atención de los participantes se centró en la vida y el testimonio de una figura central de la evangelización en Asia, el P. Matteo Ricci, presentada mediante la proyección de una película, que recorría las etapas más significativas de su labor.

En la mañana del viernes 3 de septiembre tuvo lugar la intervención de P. Bernardo Cervellera, del Pontificio Instituto Misiones Extranjeras, director de AsiaNews, que ofreció en su discurso un amplio análisis sobre el significado actual del martirio de los católicos en Asia, subrayando, a través de los hechos de la crónica reciente, diferentes situaciones de dificultades y sufrimiento que brotan de la limitación de la libertad religiosa en tantos países de aquel continente.

Después de una interesante mesa redonda, en la que numerosas voces de expertos reflexionaron sobre las principales áreas y prioridades de la evangelización en Asia hoy, se continuó en la tarde con un apasionante excursus sobre la aportación significativa y fundamental a los desafíos actuales de la evangelización en Asia por parte de las realidades asociativas de los fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades. Dicha conferencia, La nueva época asociativa de los fieles laicos, la pronunció el Prof. Guzmán Carriquiry, subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos, que recorrió, bajo la óptica de la evangelización, especialmente todos los pasajes más significativos del magisterio de la Iglesia sobre la importancia del apostolado organizado por los fieles laicos y el nacimiento de nuevas realidades asociativas, consideradas por Juan Pablo II y Benedicto XVI dones providenciales del Espíritu Santo para la Iglesia de nuestros tiempos.

A continuación y durante una mesa redonda, tuvieron la palabra testigos vivos de esta riqueza eclesial: delegados provenientes de dife¬rentes realidades asociativas, como la Renovación Carismática Católica, Esposos para Cristo (Couples for Christ), Movimiento de los Focolares, Legión de María, Camino Neocatecumenal y otros, aportando sus propias experiencia en el ámbito de la evangelización en Asia.

La concelebración eucarística cotidiana tenía lugar en uno de los lugares “ símbolo ” de la catolicidad en Asia, el Santuario de los mártires coreanos Jeoldoo San.

El 4 de septiembre, continuaron los trabajos, después de la santa misa, con la conferencia conclusiva del cardenal Stanisław Ryłko que, haciendo un balance final de los trabajos, se centró en lo que ya parecía ser el fruto más significativo de este encuentro: haber alimentado la esperanza. Señaló que precisamente en la incapacidad de esperar estaba el signo del olvido de Dios por parte de los hombres de hoy y, citando la encíclica Spe Salvi de Benedicto XVI, recordó que « quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida (Cf. Ef 2, 12). La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando “ hasta el extremo ”, “ hasta el total cumplimiento ” (Cf. Jn 13, 1; 19, 30) » (Núm. 27). Precisamente en este concepto identificó « la consigna que Cristo nos da al finalizar nuestro Congreso: anunciar la esperanza a este continente », por medio de un compromiso renovado de todos los fieles bautizados y en una acción eficaz de apostolado y evangelización, como respuesta a la vocación y misión de cada uno en el seno de la única Iglesia. Por esto, consideró fundamental un proceso de formación auténticamente cristiana, que tenga como última perspectiva la santidad. Por este camino, a pesar de las dificultades y los obstáculos en tantas situaciones del continente asiático y la necesidad, a veces, de la cruz hasta el martirio, los cristianos encontrarán la certeza del apoyo de Dios, que, como recordó el cardenal Ryłko citando a Benedicto XVI, « no fracasa porque siempre encuentra modos nuevos de llegar a los hombres y abrir más su gran casa » (Homilía durante la concelebración eucarística con los obispos de Suiza, 7 de noviembre de 2006).

Los participantes elaboraron dos textos finales: uno dirigido al Santo Padre, en respuesta al mensaje que envió a la asamblea, en el que agradecieron al sucesor de Pedro con sincera gratitud por su cercanía y prometieron un renovado compromiso misionero en el anuncio de Jesucristo a los pueblos de Asia; el segundo iba dirigido a todos los católicos del continente, en el que subrayaban la importancia de la unidad en la Iglesia bajo la conducción de los mismos Pastores y la necesidad de la conciencia de la eficacia de las “ minorías creativas ”, que, aunque en la dificultad, son signo de esperanza viva para el anuncio de Cristo a cada hombre.

Para la tarde se organizó un momento de convivencia con una característica fiesta coreana.

El domingo 5 de septiembre, se reunieron los delegados en la catedral de Seúl, junto a la comunidad local, para la solemne celebración eucarística, presidida por el cardenal Cheong Jinsuk, en la que se regaló a cada participante, como recuerdo de estos días de reflexión y renovación, un crucifijo de madera y un rosario bendecido por Su Santidad.

El enorme éxito del Congreso se debe sobre todo a las cualidades organizativas del Dr. Thomas Hong-Soon Han, desde 1984 hasta este año miembro del Consejo Pontificio para los Laicos durante numerosos mandatos, y de quien el dicasterio ha podido apreciar las cualidades profesionales, el compromiso y la generosa colaboración en diferentes ocasiones. Licenciado en Economía, especializado en Ciencias Sociales y doctor honoris causa en Derecho, participó en calidad de auditor en diferentes Sínodos de Obispos y fue presidente del Consejo del Apostolado de los Laicos de Corea.

El pasado 21 de octubre, Dr. Han fue recibido por el Santo Padre Benedicto XVI en su nueva función de Embajador de Corea ante la Santa Sede.

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