Saludo a los jóvenes

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Santa Misa de inauguración de la JMJ Madrid 2011

Saludo a los jóvenes

Plaza Cibeles, 16 de agosto de 2011

 

Queridísimos jóvenes, 

Aquí estamos, llegó el día tan esperado: la inauguración de la vigésimo sexta Jornada Mundial de la Juventud. Tras un largo camino de preparación finalmente estáis aquí, en Madrid, bellísima y moderna metrópolis que en estos días será la capital de la juventud católica del mundo entero…

«¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» (Sal 118, 26). Con estas palabras del salmista os doy una cordial bienvenida y un saludo afectuoso de parte del Pontificio Consejo para los Laicos, el dicasterio de la Santa Sede al cual el Papa confía la organización de estas reuniones mundiales de jóvenes. Un saludo agradecido a vuestros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, así como a los formadores laicos que os han acompañado y guiado en el proceso de preparación espiritual para la gran aventura de la fe que viviremos juntos en estos días.

Habéis traído a esta cita con el Santo Padre Benedicto XVI vuestros proyectos, vuestras esperanzas y también vuestras inquietudes, la preocupación por las decisiones que os esperan… Serán días inolvidables de importantes descubrimientos y de decisiones determinantes para vuestra vida…

 

Nuestra reflexión y nuestra oración en estos días estarán guiadas por la palabra de San Pablo que ya todos conocéis: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe…» (Col. 2,7). ¡Es una palabra que nos compromete porque contiene un claro programa de vida para cada uno de nosotros! En estos días la fe estará en el centro de nuestra reflexión; porque la fe es un factor decisivo en la vida de cada hombre. ¡Si Dios existe o no existe, todo cambia! La fe es la raíz que nos nutre con la savia vital de la Palabra de Dios y los sacramentos; es el fundamento, la roca sobre la cual construir la vida, la brújula segura que guía nuestras decisiones y da a nuestra vida la orientación decisiva.

Sin embargo, muchos hoy se preguntan: en nuestro mundo, que tan a menudo rechaza a Dios y vive como si Dios no existiera, ¿es aún posible la fe? …

¡Queridísimos jóvenes! Os habéis reunido aquí, en Madrid, desde los rincones más remotos del planeta, para decir en voz alta a todo el mundo – y en particular a esta Europa que está dando signos de profunda desorientación – para decir vuestro firme “sí”! “Si”, ¡la fe es posible! Es más, es una aventura maravillosa que nos permite descubrir toda la grandeza y la belleza de nuestra vida. Porque Dios, que se ha revelado en el rostro de Jesucristo, no disminuye al hombre sino que lo enaltece mas allá de toda medida, mas allá de toda imaginación! En estos días, junto con los Apóstoles, queremos todos gritar al Señor: «¡Aumenta nuestra fe!» (Lc 17,5)… Queremos también nosotros orar con las palabras de San Anselmo: Señor, «enséñame a buscarte, muéstrate al que te busca, porque no puedo buscarte si no me enseñas el camino. No puedo encontrarte si no te haces presente.» (Proslogion 1,1)

Mientras esperamos la llegada del Papa Benedicto XVI hemos acogido esta noche a un huésped especial de la JMJ de Madrid: el Beato Juan Pablo II. Él ha regresado entre vosotros, los jóvenes a los que tanto amó y que tanto lo han amado: ha regresado como Beato patrón vuestro y como protector al que podéis confiaros; ha regresado como amigo – un amigo exigente, como le gustaba a él mismo definirse… Ha venido a deciros una vez más, con muchísimo afecto: ¡No tengáis miedo! ¡Optar por Cristo en la vida es adquirir la perla preciosa del Evangelio por la cual vale la pena darlo todo!

¡Queridísimos jóvenes! 

¡La JMJ de Madrid ha empezado!

De nuevo os digo: ¡Bienvenidos todos a Madrid! 

 

 

 

 

 

Santa Misa de clausura de la XXVI JMJ - Madrid 2011

Palabras de agradecimiento al Papa

Cuatro Vientos, 21 de agosto de 2011

 

Beatísimo Padre, 

Hemos llegado al momento culminante de la vigésimo sexta Jornada Mundial de los Jóvenes de Madrid. He aquí ante Usted, Santidad, a los jóvenes que se han reunido desde los rincones más variados de la Tierra: una Iglesia joven, llena de alegría y entusiasmo de la fe. Son jóvenes orgullosos de pertenecer a Cristo y a su Iglesia… Se trata verdaderamente de una “generación que busca a Dios” (cf. Sal 24, 6). Son jóvenes que en estos días transcurridos en Madrid han optado por vivir – como nos enseña San Pablo – “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cfr. Col 2,7).

Santo Padre, en su persona estos jóvenes encuentran siempre un verdadero padre que los quiere y un maestro de la fe, una guía segura que enseña a no perder jamás de vista lo que es esencial para la vida, es decir Dios – aquel Dios que se ha manifestado en el rostro de su Hijo hecho hombre por nuestra salvación. Gracias, Santo Padre, porque nos recuerda incansablemente que «las cuentas sobre el hombre, sin Dios, no cuadran; y las cuentas sobre el mundo, sobre todo el universo, sin él no cuadran» (Homilía en la explanada de Isling, Regensburg, 12 de septiembre de 2006). Gracias por el precioso don del Youcat, que los jóvenes encontraron en sus mochilas de peregrinos y por sus palabras de exhortación paternal: «Estudiad el catecismo con pasión y perseverancia […] Debéis conocer lo que creéis; debéis conocer vuestra fe […] debéis estar mucho más profundamente arraigados en la fe que la generación de vuestros padres, para poder resistir con fuerza y decisión a los desafíos y las tentaciones de este tiempo.» (Prólogo al Youcat). 

Ahora, llegados al final de estas jornadas maravillosas transcurridas en Madrid, rebosantes de alegría, los jóvenes desean expresarle, Santo Padre, su profunda y filial devoción y su gratitud. ¡Gracias por haber presidido esta JMJ! ¡Gracias por las palabras que ha querido dirigir a estos jóvenes – palabras de esperanza que iluminan su camino! 

Estrechamente unidos a Su Santidad, Sucesor de Pedro, queremos renovar hoy también nuestro agradecimiento al Beato Juan Pablo II por el don de las Jornadas Mundiales de la Juventud que ya cuentan veinticinco años de historia: ¡cuántas vidas transformadas! ¡Cuántas decisiones vocacionales! ¡Cuántos frutos de santidad!

Santo Padre, ahora llegamos al momento importante y tan esperado del envío misionero. Como conclusión de la Jornada Mundial de la Juventud 2011, todos los jóvenes aquí presentes están listos para salir de Madrid al mundo entero, enviados por vuestra Santidad, como apóstoles de la nueva evangelización. Cada uno de ellos ha recibido una pequeña cruz misionera que Usted, Santo Padre, bendecirá dentro de poco. Esta cruz les recordará siempre la importante consigna que han recibido hoy, de llevarla por el mundo como signo del amor del Señor Jesús por la humanidad, anunciando a todos que solo en Cristo, muerto y resucitado, hay salvación y redención. 

Santo Padre, ¡bendiga a este pueblo de jóvenes misioneros “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”, listos para salir a dar testimonio de su fe hasta los confines de la tierra! 

¡Gracias, Santo Padre!

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